Itinerario de aprendizaje 1
- Módulo 2

Habilidades y beneficios de la educación en horticultura

Introducción

Los huertos escolares ofrecen una oportunidad educativa única, ya que permiten a los alumnos desarrollar una amplia gama de habilidades en un entorno atractivo y práctico. Al incorporar la educación medioambiental y científica, estos espacios fomentan la comprensión de los principios ecológicos y la concienciación sobre la sostenibilidad.

Un huerto escolar no es sólo un lugar de cultivo, sino un entorno de aprendizaje dinámico en el que los alumnos se implican en una educación experimental. Guiados por los profesores, participan activamente en la plantación, el cuidado de las plantas y la cosecha, adquiriendo conocimientos prácticos sobre ecología y agricultura sostenible.

Más allá de los beneficios educativos, los huertos escolares contribuyen al bienestar de los alumnos fomentando la actividad al aire libre y reduciendo el estrés. También fomentan el trabajo en equipo, la responsabilidad y el pensamiento crítico, creando un entorno de aprendizaje estimulante y colaborativo.

Este módulo explorará los objetivos educativos de los huertos escolares, sus beneficios para la comunidad en general y las metodologías pedagógicas más eficaces para integrarlos en el proceso de aprendizaje.

Lecciones

El cultivo de un huerto escolar representa una oportunidad educativa única para desarrollar diversas competencias transversales, tanto en contextos formales como no formales, que implican aspectos medioambientales, socioculturales y económicos de la Educación para el Desarrollo Sostenible, la Educación Ambiental y la Educación Científica.

Los huertos educativos son un recurso inestimable para los centros de enseñanza, ya que ofrecen a los alumnos la oportunidad de aprender de forma práctica, atractiva y sostenible. Estos espacios verdes, situados dentro o cerca de las instalaciones escolares, están diseñados para que los alumnos se dediquen a cultivar plantas y comprendan los principios básicos de la ecología.

Los huertos educativos se dedican específicamente al cultivo de plantas en un entorno escolar. Generalmente divididos en pequeñas parcelas o parterres, los alumnos participan activamente en la plantación, el cuidado de las plantas y la recolección de los productos. Estos huertos pueden instalarse al aire libre o en recipientes como macetas o cajas, en función de los recursos y el espacio disponibles.

Los huertos didácticos ofrecen un entorno práctico en el que los alumnos pueden experimentar los procesos biológicos del crecimiento de las plantas, observar cómo afecta el medio ambiente al cultivo y adquirir habilidades prácticas como el riego, la fertilización y el reconocimiento de especies vegetales. Los profesores guían a los alumnos a través de actividades educativas que integran temas científicos, matemáticos y medioambientales, vinculando la experiencia práctica con los temas de aprendizaje escolar.

Los huertos educativos ofrecen numerosas ventajas a los alumnos, los centros escolares y la comunidad. En primer lugar, promueven el aprendizaje experimental al implicar a los alumnos en actividades prácticas que estimulan su curiosidad y creatividad. Gracias a su participación activa, los alumnos desarrollan la capacidad de resolver problemas, el pensamiento crítico y la responsabilidad personal.

Además, los huertos educativos son herramientas eficaces para la educación ambiental. Los alumnos aprenden a apreciar y respetar la naturaleza, tomando conciencia de los ciclos biológicos, la importancia de la biodiversidad y la gestión sostenible de los recursos naturales. Estas experiencias contribuyen a formar ciudadanos conscientes y responsables con conciencia ecológica.

Los huertos escolares no sólo ofrecen ventajas educativas, sino que también repercuten positivamente en la salud y el bienestar de los alumnos. El contacto con la naturaleza fomenta la actividad física y reduce el estrés.

Uno de los principales retos que la sociedad contemporánea plantea a la reflexión pedagógica y a la práctica educativa es la sostenibilidad de un desarrollo inspirado en una visión miope y cortoplacista del presente. La sostenibilidad medioambiental y el impacto ecológico del desarrollo económico son temas sensibles, objeto de numerosos documentos internacionales que sitúan la protección del entorno natural como una cuestión central, exigiendo un comportamiento responsable para salvaguardar el planeta. Esto exige una reflexión pedagógica para desarrollar modelos educativos inspirados en la dimensión medioambiental y la relación con ella. El medio natural, considerado durante mucho tiempo como tierra de nadie, debe considerarse ahora como un sistema relacional y ecológico, que requiere un modelo educativo integrado centrado en la continuidad entre el hombre y el medio ambiente.

Educar en el pensamiento ecológico es crucial hoy en día, guiando a los estudiantes para que comprendan las interconexiones entre los seres vivos y su entorno, animándoles a ver el mundo en términos de redes y sistemas interconectados, en lugar de como elementos aislados. Este enfoque es crucial en la generación más joven, descrita como Trastorno por Déficit de Naturaleza (TND), que pone de relieve los efectos negativos de la falta de interacción con la naturaleza en el bienestar de niños y jóvenes. Richard Louv, autor del libro Last Child in the Woods (El último niño en el bosque, 2008), acuñó este término para destacar cómo una exposición reducida a la naturaleza puede contribuir a problemas de salud física y mental, así como a impactos medioambientales negativos. La gestión de un huerto escolar es un antídoto contra este fenómeno, ya que ofrece a los niños la oportunidad de conectar con la naturaleza, mejorar su salud mental y física y desarrollar un mayor aprecio por el entorno natural.

La presencia de un huerto urbano comunitario en el recinto escolar o de un huerto didáctico dentro de la escuela representa una gran oportunidad para abordar los objetivos educativos que plantean los retos de la educación medioambiental y de sostenibilidad con herramientas innovadoras y de gran impacto. La literatura ha explorado las cuestiones medioambientales desde una perspectiva educativa, redefiniendo los espacios educativos. Iniciativas como las escuelas en el bosque, la vertiente de educación al aire libre y los huertos de aprendizaje han promovido una mirada renovada sobre la relación entre los procesos educativos y los espacios educativos. Todas las iniciativas educativas basadas en la relación directa hombre-naturaleza están unidas por el principio de que la realización de actividades educativas al aire libre afecta positivamente a la motivación, la atención y el sentido de autonomía de los alumnos; permite el desarrollo de competencias generativas, creando preguntas y dudas y fomentando una interacción entre los lenguajes formales y las prácticas educativas.

Los huertos didácticos ofrecen importantes ventajas y espacios de aprendizaje únicos. Facilitan la conexión entre el aprendizaje práctico y los conocimientos teóricos, permitiendo a los alumnos ver aplicadas las nociones aprendidas en el aula. También mejoran la atención y la concentración, ya que las actividades manuales y al aire libre estimulan el interés y la participación activa. El huerto contribuye al crecimiento de la autoestima y del sentido del logro, ya que los niños ven los resultados concretos de su trabajo. Promueve el desarrollo de habilidades sociales e interpersonales, enseñando a los niños a trabajar en grupo y a respetar turnos. Por último, el huerto permite profundizar en la conciencia medioambiental y la responsabilidad social, sensibilizando a los niños sobre la importancia de la sostenibilidad y el respeto por la naturaleza.

Las competencias blandas, o soft skills, incluyen una serie de habilidades interpersonales y de comportamiento que facilitan la colaboración y la comunicación eficaces. Según un artículo de la Universidad Estatal de Washington (2023), estas habilidades incluyen la capacidad de trabajar en equipo, resolver problemas y comunicarse eficazmente. Estas habilidades son cruciales en cualquier entorno laboral y son muy valoradas por los empleadores. La gestión de un huerto escolar ofrece un contexto ideal para desarrollar estas habilidades de forma práctica y atractiva, a través de actividades que requieren cooperación, planificación y gestión del tiempo.

Un huerto escolar desarrolla la capacidad de cooperar y trabajar en equipo, algo esencial para el éxito de las actividades colectivas. La cooperación es una habilidad fundamental, como subraya el MIT Sloan (2018), ya que permite abordar y resolver problemas complejos mediante la colaboración. En contextos educativos, trabajar juntos para lograr un objetivo común, como cuidar un huerto, enseña a los niños la importancia del respeto mutuo, la comunicación eficaz y la responsabilidad compartida.

Las habilidades de resolución de problemas y toma de decisiones son cruciales para manejar situaciones complejas y encontrar soluciones eficaces. Según el MIT Sloan (2018), estas habilidades son indispensables para abordar los problemas de forma estructurada y tomar decisiones informadas. En un huerto escolar, a menudo se pide a los alumnos que resuelvan problemas prácticos, como hacer frente a las plagas o elegir las plantas más adecuadas para las condiciones climáticas locales. Este tipo de actividad práctica ayuda a desarrollar la capacidad de pensamiento crítico y analítico, así como la confianza en uno mismo a la hora de tomar decisiones.

A partir del siglo XIX, la pedagogía empezó a centrarse en el diseño de instituciones educativas para la infancia. Los primeros establecimientos de este tipo se crearon durante la Segunda Revolución Industrial, inicialmente para atender a niños pobres, y más tarde, en países como Francia, Alemania e Inglaterra, como jardines de infancia y guarderías, evolucionando hasta los actuales Kindergartens. El término «jardín» tiene su origen en el concepto alemán de «Kindergarten», una escuela concebida en 1839 por Friedrich Fröbel, quien imaginó la institución como un jardín en el que los niños-plantas crecen bajo el atento cuidado de la maestra-jardinera, que los educa respetando su libertad, limitándose a protegerlos y supervisarlos sin imponerles modelos rígidos (Fröbel, 1871).

El juego se consideraba la actividad fundamental, vista filosóficamente como síntesis de la intuición estética y la creatividad, elementos esenciales del ser humano, que debían protegerse y desarrollarse desde la infancia. Fröbel creía que el cultivo real era un medio eficaz para iniciar a los niños en el trabajo, la socialización, estimular su capacidad de observación y ponerlos en contacto con la naturaleza. Al igual que la metáfora del jardín, estas ideas siguen teniendo una gran relevancia educativa hoy en día: «La vida en las ciudades nos aleja de los elementos naturales, incluso de los más cercanos, en nuestro propio territorio; quizá por eso anhelamos ir a la orilla del mar o a la montaña, en busca de esos elementos naturales que nos faltan. En los parques y jardines encontramos un estado de ánimo, una sensación especial: no podemos evitar sentirnos más relajados, más serenos, como si volviéramos a casa después de un largo viaje» (Gambini, 2007).

Cada vez son más los maestros de preescolar que crean jardines y huertos escolares: si cuidar a los niños significa crear situaciones educativas diversas para estimular el desarrollo de sus capacidades, el huerto representa un espacio ideal, sobre todo para los niños que viven en ciudades o en lugares con escasos espacios verdes. Los objetivos de aprendizaje en un huerto son numerosos y realizables a través de diferentes actividades, lo que plantea retos de diseño a los docentes. El objetivo de este trabajo es doble: por un lado, proponer un ejemplo de itinerario educativo desarrollado con una clase real de parvulario, útil para embarcarse en un proyecto de huerto ; por otro, estudiar el aprendizaje de los niños, manteniendo la educación como objetivo primordial. Para evaluar posteriormente la validez de las actividades propuestas, será necesario examinar las principales teorías del aprendizaje.

Cuestionario

Existen muchos tipos de aprendizaje, todos ellos dependientes del contexto pedagógico. Personas de todas las edades aprenden en diferentes contextos, como en clubes juveniles, en la escuela, en la familia, en reuniones informales, en la universidad, a partir de experiencias cotidianas, en campamentos de verano, en el trabajo, etc.

Todos estos contextos de aprendizaje forman parte de diferentes conceptos educativos que son fundamentales para comprender y contextualizar mejor el enfoque pedagógico posible en un huerto urbano comunitario. El modelo elaborado pretende proponer un modo holístico e integrado entre la educación formal, no formal e incluso digital, utilizando metodologías de educación al aire libre.

La educación es un proceso gradual que produce cambios positivos en la vida y el comportamiento humanos. También podemos definir la educación como «un proceso de adquisición de conocimientos mediante su estudio o transmisión por medio de la instrucción u otros procedimientos prácticos».

La educación va más allá de lo que ocurre entre las cuatro paredes de un aula. Un niño obtiene educación de sus experiencias fuera de la escuela. Hay tres tipos principales de educación: formal, informal y no formal. Cada uno de estos tipos se analiza a continuación. La educación formal, no formal e informal son elementos complementarios que se refuerzan mutuamente en un proceso de aprendizaje permanente.

En los huertos escolares, existen diferentes metodologías educativas que pueden aplicarse en función de los objetivos educativos que desee seguir el profesor, el monitor juvenil o el educador.

El término metodologías se refiere a los principios generales, la pedagogía y las estrategias de gestión utilizadas en la educación formal, no formal e informal. La elección de las metodologías depende de lo que se ajuste a los objetivos de aprendizaje, los planes de estudios, las necesidades y capacidades de los alumnos, etc. Existen muchas metodologías y aquí queremos indicar algunas de las principales que subyacen al desarrollo de la propuesta posible en un huerto urbano comunitario o escolar.

La formación outdoor se basa en la experiencia real y concreta de aprender en espacios abiertos mediante ejercicios prácticos, en contacto con el entorno y la naturaleza, en lugares física y conceptualmente alejados de las experiencias habituales. Utiliza el proceso de formación y aprendizaje experiencial típico en un ciclo continuo de experiencia, reflexión/conceptualización y transferencia, lo que permite mejorar y/o desarrollar el comportamiento organizativo.

En la formación al aire libre, se pide a los participantes que se impliquen, que salgan de su zona de confort y de los patrones habituales en los que se encuentran: se lleva al equipo o al individuo a un contexto diferente, al aire libre, enfrentándose a pequeños o grandes retos capaces de desarrollar habilidades inesperadas. El crecimiento personal se activa experimentando nuevos contextos y situaciones, superando comportamientos y hábitos habituales que a menudo esconden habilidades y actitudes no utilizadas.

El entrenamiento al aire libre permite actuar, mediante actividades prácticas y físicas, en varios niveles de la esfera humana, impulsando simultáneamente los componentes cognitivo, emocional y físico, acelerando el proceso de aprendizaje. Es capaz de fijar el aprendizaje anclándolo a experiencias «evocadoras», cuyo recuerdo persiste en el tiempo, a través de la experimentación con éxito o sin él de determinados comportamientos individuales y colectivos en situaciones reales.

La eficacia de la metodología se basa en que la experiencia nunca es genérica, sino específica, basada en las necesidades reales del grupo y coherente con los objetivos identificados. Nunca puede ni debe ser «igual para todos», sino que se desarrolla y crea en función de los objetivos a alcanzar. Gracias a ejercicios prácticos, se induce a los participantes a apoyarse en sus recursos personales, activando también dinámicas grupo para la consecución de objetivos individuales y comunes, acelerando así el proceso normal de adquisición. Los estímulos a los que se ven sometidos y la ausencia de un profesor que proponga soluciones «expertas» favorecen la capacidad de autoaprendizaje del grupo. El educador, de hecho, en la formación al aire libre se considera un facilitador del aprendizaje, o sea, ayuda a las personas a desarrollar nuevas pautas de comportamiento y acción a partir de sus experiencias y reflexiones.

Ser educador de calle significa desempeñar un papel muy delicado, significa jugarse el todo por el todo aceptando el reto de la relación, dando y recibiendo confianza jugando fuera de casa. Ser educador de calle significa saber estar en los tiempos de la persona que tienes delante, sin ceder ni renunciar a educar, aunque no quieras. Ser educador de calle significa «estar ahí».

Un educador de calle tiene las características y la experiencia esenciales para establecer una relación basada en un enfoque horizontal en un corto período de tiempo, aunque sólo sea durante unos minutos. Desarrolla la capacidad de actuar en un contexto relacional inexistente, interactuando con actores que desempeñan diferentes papeles (joven, familia, amigos del joven).

El objetivo principal es mejorar la condición de cada adolescente y prevenir la angustia actuando sobre situaciones reconocidas como de riesgo. Para ello, es esencial pasar de las estrategias puramente preventivas a las estrategias de promoción de procesos de crecimiento positivo orientados intencionalmente.

Sin duda, la labor del educador es todo menos sencilla. Implica una profunda empatía, la capacidad de conectar con las emociones del otro sin dejarse arrastrar por ellas. Exige pasión, motivación y una firme convicción de que es posible «estar al servicio del Otro». También demanda humildad y un claro sentido de la realidad, para reconocer que el joven frente a uno es, ante todo, una persona con libertad para decidir.

La educación digital es el uso innovador de herramientas y tecnologías digitales durante la enseñanza y el aprendizaje, y suele denominarse Tecnología para el Aprendizaje Avanzado (TEL) o e-Learning.

La competencia digital -o alfabetización digital- es fundamental en la digitalización social contemporánea y debe promoverse en todos los niveles educativos. Implica la capacidad de utilizar la tecnología digital para fomentar una participación cívica informada en múltiples dimensiones, siendo la sostenibilidad una de ellas. La necesidad de competencias digitales es fundamental para configurar la participación de individuos de diferentes condiciones sociales, edad, género e incluso discapacidad en esta sociedad. En el proceso de enseñanza-aprendizaje en todo el sistema educativo, existe una falta de competencias digitales, lo que supone un obstáculo para el aprendizaje y la consecución de estas mismas competencias basadas en el uso de la tecnología y el e-learning y es, potencialmente, un elemento crítico para reducir la brecha digital.

La cultura escolar deberá cambiar más rápidamente en el camino hacia la promoción de una educación que, movilizando las competencias digitales no sólo como consumidores sino también como creadores de contenidos, adopte un aprendizaje centrado en el alumno en una lógica de investigación-acción participativa.

La alfabetización digital en sí es fundamental como competencia para movilizar habilidades en la selección, aprehensión y uso de la información que llega digitalmente a través de Internet. Sin embargo, existen desigualdades con respecto a una escuela virtual de base digital.

Explorar el uso de las tecnologías digitales ofrece a los educadores la oportunidad de diseñar atractivas oportunidades de aprendizaje en los cursos que imparten, que pueden adoptar la forma de cursos y programas mixtos o totalmente en línea. Es muy importante desarrollar la cultura y las competencias digitales antes de invertir en infraestructuras y tecnologías digitales. La educación digital se centra en proporcionar competencias digitales a diferentes cohortes de estudiantes y profesores.

De este modo, el enfoque de la Educación Digital empieza a desplazarse gradualmente de la cuestión tecnológica a la metodológica. Recientes investigaciones y experiencias sobre competencias digitales comienzan a considerar lo digital como un método de enseñanza y aprendizaje, capaz de mejorar competencias transversales, como las vinculadas tanto a la autoexpresión como a la capacidad de relacionarse y comunicarse con los demás, desde el punto de vista de compartir contenidos multimedia y experiencias educativas digitales, abordadas dentro de grupos de trabajo. En cualquier caso, el potencial de la herramienta digital para el desarrollo del aprendizaje está ciertamente condicionado por el enfoque educativo y la capacidad del profesor para captar el tipo de relación entre tecnología y alumno dentro de un contexto situado.

Desde el punto de vista del desarrollo del aprendizaje infantil, basado en las teorías de Piaget y Vygotsky, se plantea la hipótesis de que la experiencia mediática condiciona el desarrollo de competencias no sólo digitales, sino también transversales, que se proyectan sobre los procesos de representación, interpretación y participación en la realidad circundante. En la actualidad no conocemos con precisión la naturaleza y el tipo de orientación cognitiva y emocional que subyace a esta relación, pero podemos percibir la presencia de un condicionamiento recíproco desde la primera infancia, cuando se establecen los primeros contactos con los medios digitales.

Ciertamente, el modelo educativo y de socialización familiar deriva de condicionamientos tecnológicos tanto en términos de acceso y disponibilidad infraestructural, como de estilo mediático y nivel de competencia adquirida. Estas variables construyen perfiles comportamentales de mediación cultural al medio que no sólo orientan el comportamiento digital de los niños, sino que influyen en su proyección de identidad social y en el desarrollo espontáneo de su estructura cerebral, también respecto a la estimulación mediática.

La Educación Global es un enfoque pedagógico que fomenta múltiples perspectivas y la deconstrucción de estereotipos, basándose en un enfoque centrado en el alumno para promover la conciencia crítica de los retos globales y el compromiso con estilos de vida sostenibles. Las competencias de la Educación Global se basan en la educación para el desarrollo, la educación para los derechos humanos, la educación para la sostenibilidad, la educación para la paz y la prevención de conflictos y la educación intercultural, todas ellas dimensiones globales de la educación para la ciudadanía.

La educación comunitaria es un proceso sostenible en la comunidad, construido con concienciación y participación sostenida, en un intento de construir un nuevo entendimiento y concepto para mejorar la calidad de vida de la propia comunidad. La educación comunitaria avanza ahora hacia la construcción y el desarrollo de las sociedades con el mismo enfoque que se ha utilizado durante siglos para la prosperidad de la sociedad. Con el marco teórico, enfoque y los modelos adecuados, la educación comunitaria puede crecer y desarrollarse hasta convertirse en un motor de la educación y construir una sociedad mejor. La teoría pedagógica crítica y otras teorías son la base principal en el desarrollo de conceptos y el posterior pensamiento relacionado con la educación comunitaria.

Cuestionario

El huerto, como ya se ha dicho, ofrece numerosas pistas para realizar actividades en distintas áreas y disciplinas. El niño se sitúa en un entorno que, aunque no es natural, lo construye él mismo siguiendo ciclos y ritmos naturales. El huerto se convierte así en un laboratorio donde el niño puede experimentar, aprender y tomar decisiones por sí mismo, teniendo en cuenta la naturaleza.

Antes de iniciar la planificación de un huerto, el profesor debe tener en cuenta varios aspectos técnicos: la elección de la ubicación del huerto, las plantas que se van a cultivar, el período de siembra, los cuidados necesarios y los posibles problemas técnicos. Además, es fundamental planificar qué actividades realizar con los niños, teniendo en cuenta las diferentes etapas de desarrollo y los grupos de edad.

Para ello, es importante que el profesor reúna y organice sus conocimientos para apoyar las distintas orientaciones de aprendizaje que puedan surgir del grupo clase. En la actualidad, como ya se ha mencionado en el contexto de la Educación para el Desarrollo Sostenible, la creación de un huerto refleja la creciente sensibilidad de los ciudadanos hacia las cuestiones medioambientales, lo que lleva a muchos a crear pequeños huertos privados en los que se cultivan frutas, hortalizas y otras plantas con métodos naturales.

La gestión de un huerto requiere diversas operaciones, algunas esporádicas y otras cíclicas, que siguen un calendario estacional preciso. Entre las operaciones más importantes se encuentran:

  • Nivelación: elimina socavones o desniveles en las zonas de cultivo.
  • Cavar: remover toda la superficie del cultivo hasta una profundidad de entre quince y treinta centímetros, con el fin de exponer el suelo al aire, realizando también el abonado anual.
  • Escarificar: aporcar el suelo sin voltearlo, para airear los suelos demasiado compactados, aumentar el drenaje y mejorar la penetración de los fertilizantes.
  • Rastrillado: antes de la siembra, para romper los terrones más gruesos y nivelar la capa superficial, llevando el suelo a un nivel homogéneo.
  • Desherbado: eliminación de las malas hierbas con un sistema radicular superficial.

Entre las herramientas utilizadas figuran:

  • La azada: se utiliza para aflojar y romper la tierra, destruir las malas hierbas, apisonar las plantas y es muy útil para cortar las raíces de los árboles.
  • La pala de trasplante: una pala pequeña con bordes curvados que se utiliza para plantar plantas y extraer terrones de la tierra.
  • La jardinera: utilizada para trasplantar plantas jóvenes, consiste en una punta cónica reforzada con metal para producir agujeros en el suelo donde colocar las raíces de las plantas jóvenes.
  • El bulbero: se utiliza para enterrar los bulbos.
  • El cordel: se utiliza para obtener hileras rectas y distancias uniformes entre las plántulas.
  • La sembradora: se utiliza para sembrar semillas evitando el desperdicio.
  • Herramientas de riego: regadera, regadera para invernaderos y macetas, y otros sistemas de riego.

Esta rápida visión general pone de relieve un tema central: para crear un huerto didáctico, hay que tomar decisiones y elaborar un proyecto pedagógico bien estructurado. Las fases del proyecto están diseñadas para guiar a profesores y alumnos a través de un proceso que combina actividades didácticas, de taller y de colaboración encaminadas a alcanzar los objetivos pedagógicos fijados. Cada fase está diseñada para desarrollar progresivamente conocimientos y habilidades, fomentando un aprendizaje activo y participativo.

Los huertos comunitarios son una oportunidad única para mejorar la salud mental y física de las personas mediante la conexión con la naturaleza y la actividad al aire libre. Muchos huertos ofrecen programas específicos, como:

  • Common Ground NI: terapias basadas en la naturaleza.
  • Badgers Brook Allotment (Gales del Sur): actividades integradoras para la comunidad.

Un ejemplo notable son los Jardines Martineau de Birmingham (Reino Unido), que utilizan la horticultura social y terapéutica para apoyar la salud mental de los participantes. Más información en el enlace Más información aquí.

Los huertos comunitarios contribuyen significativamente a la biodiversidad, pues suelen incluir zonas de flores silvestres o actuar como corredores verdes para la fauna urbana. Un ejemplo emblemático es el huerto de Scotswood, en Newcastle, donde la biodiversidad ocupa un lugar central. Más información en la ficha de SF&G.

Los huertos comunitarios fomentan la cohesión social al reunir a personas de distintos orígenes. Durante la pandemia, desempeñaron un papel crucial como espacios de encuentro y apoyo comunitario. Algunos ejemplos de iniciativas son:

  • Crecer en Irlanda del Norte
  • Grupo de cultivo comunitario de Winchburgh (Escocia)
  • Rainbow Grow Hackney

La colaboración con bancos de alimentos y otras organizaciones locales ha reforzado la resiliencia de la comunidad.

Los huertos comunitarios son recursos educativos multifuncionales, útiles para niños y adultos, que combinan el aprendizaje formal e informal. Ofrecen oportunidades para adquirir habilidades específicas (por ejemplo, horticultura, sostenibilidad) y habilidades para la vida (por ejemplo, trabajo en equipo, liderazgo).

Los jardines son espacios prácticos de aprendizaje para:

  • Matemáticas, ciencias, lengua, salud y estudios sociales.
  • Debates sobre sostenibilidad y justicia social.

Algunas actividades incluyen:

  • Plantar para despertar la curiosidad: por ejemplo, cultivar fresas o árboles.
  • Planificación del crecimiento: exploración del paisaje e interacción con el entorno natural.
  • Cultivo y preparación de alimentos: preparación de ensaladas, sopas, zumos y platos multiculturales.
  • Exploración de la fauna: observación de hábitats, polinizadores, estanques y pequeños animales.
  • Creación de productos naturales: elaboración de bálsamos, jabones y cosméticos con ingredientes naturales.
  • Cultivo de semillas: enseñar responsabilidad, sostenibilidad y habilidades motrices.

Los huertos comunitarios pueden enriquecer el aprendizaje escolar y crear vínculos intergeneracionales. Algunos ejemplos de efectos positivos son:

  • Participación de los padres y creación de redes entre escuelas y comunidades.
  • Mayor concienciación sobre el origen de los alimentos y la alimentación sana.
  • Vínculos curriculares con experiencias prácticas al aire libre.

Ejemplos de colaboración entre escuelas y huertos:

  • Aula de jardinería
  • Programa de terrenos escolares Oasis
  • Crecer para todos

Cuestionario

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